Yamaha T-Max – Insultantemente perfecta

Hay dos casos en los que un probador no le gustaría verse envuelto por estar ambos a la misma distancia de lo comúnmente aceptado como normal y uniformemente estereotipado. Los dos casos son extremos, los más radicales y más extremistas. Son lo peor de lo malo y lo mejor de lo bueno, la peor moto y la mejor moto. Ambos casos son la pesadilla de cualquier redactor, el que tiene que exponer las sensaciones percibidas durante la prueba. Pero si queremos afinar más y elegir el más increíble y menos verosímil de los dos, el caso que muy difícilmente será creído es el de la mejor moto. El lector comprenderá, entenderá y aceptará como más racional el caso de la peor moto porque una moto que se caiga a pedazos, no frene y se cale al acelerar nada más salir del concesionario, está claro que no necesita más motivo para ganar tan deshonroso galardón. Sin embargo, el premio a la mejor moto está más discutido, es más subjetivo y es más difícil de demostrar.

Pues en esa tesitura nos encontramos en este mismo momento. No en describir a la peor moto sino todo lo contrario, intentar convenceros de que hemos tenido en nuestras manos nada más y nada menos que a la indiscutiblemente mejor de todas, a la reina y la que le pondrá las cosas difíciles a quien pretenda sustituirla, ya sea una compatriota o un bávaro extranjero. Con tan pesados razonamientos, se podría terminar aquí el reportaje, pero hemos decidido que una manera inusual y distinta de hacerlo sería describir las características de esta moto utilizando un relato ficticio de suspense. Esperamos sinceramente os guste.

Estaba claro, lo había descubierto. Las pruebas eran irrefutables y todos los ensayos y repeticiones arrojaban los mismos resultados: el láser había atravesado el cuerpo carnoso de todos los sujetos de estudio y éstos no habían sufrido ningún daño. El único daño lo habían percibido los corpúsculos hiperdesarrollados hasta la completa desaparición. Pero había otra información paralela a ésta que reflejaba unos datos no tan positivos: no había un topo en el equipo, había al menos tres. Javier no podía confiar en absolutamente nadie. Lo que no llegaba a discernir era si estos topos pertenecían al mismo equipo o pertenecían a distintos grupos que a su vez competían entre sí.

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