Yamaha BW’s 125 – Auténtica máquina del divertimento

El Biwis no te deja indiferente. Te montas en ella y te aburres si vas en línea recta. Acelera diciéndote lo juguetona que es y el genio que porta a pesar de sus aparentemente escasos 9,11 caballos gestionados electrónicamente. Es hembra y, como la Luna, es mentirosa pues parece más la potencia que transmite al neumático trasero sobre todo en la aceleración de la que se encargan los 9,6 newtons por metro del par motor y a la que favorece su recatado peso de tan solo 121 kilogramos. Nerviosa y ágil por su corta distancia entre ejes, 1290 mm y diminutas llantas de 12 pulgadas pero que no están reñidas con una buena estabilidad. Se deja llevar en estos casos cuando no hay curvas, intersecciones ni coches de por medio, pero es cuando sí los hay cuando mejor va. Buena suspensión pero recorridos cortos. Posición fetal encima del asiento, codos en ángulo recto y rodillas bajo ellos. Enfrente, un atractivo e inconfundible  panel de instrumentos nos muestra la información básica para no quedarnos tirados por falta de combustible ni infringir los límites de velocidad. Hasta los puños son diferentes, con forma ovoide para recordarnos cuanto gas llevamos en el puño derecho.

El Biwis necesita adrenalina

Necesita moverse a velocidades medias momento en el que nos lo agradece con un sonido del motor harmónico, algo bronco y poderoso. Diferente, hasta el sonido lo es. No se mueve bien a tope de gas, incómodo aunque cumple con buena nota. Los neumáticos no acompañan en este segmento del asfalto sobre todo en giro con tumbada donde podrían mostrar algo más de confianza en el agarre.

Respecto a los frenos

Yamaha BW’s 125 – Auténtica máquina del divertimento

Los de Yamaha deberían haber incluido una ranura en el escudo delantero para ingresar una moneda. Es una verdadera diversión frenar con este scooter menudo. Insert coin y empieza la animación. Del disco delantero se encarga un único pistón que muerde un disco de 220 mm que con su color rojo nos informa de sus excepcionales cualidades, y en el eje trasero es un tambor de 150 mm de diámetro el que completa el parque de atracciones, esponjoso en la maneta pero efectivo en el resultado.
El Biwis es recatado, sin embargo bajo el asiento dispone de un generoso espacio que otras de la competencia añoran en su más rancia envidia y en el que cabe un buen casco integral. No obstante, es el único espacio del que disponemos, sin guantera ni nada similar a excepción del muy útil gancho para portar bolsas, maletines y mochilas con seguridad sobre la plataforma de los pies. En la trasera, una barra metálica hace de asa que le sirve al acompañante de apoyo cuando comparte el pequeño sillín del BW’s con el conductor. El detalle de los espejos redondos anclados con una fina varilla completan el particular sello de este genial scooter, que aunque sencillos, no desvirtúan la realidad que nos persigue a excepción del momento en parado, instante en el que vibran sin llegar a la molestia.

Para rematar este DNI tan personal

El Biwis lleva un sistema de seguridad en el clausor de la llave de contacto de forma que un párpado impide que los graciosos introduzcan objetos extraños en el contacto. Y para aumentar la eficacia de este peso Walter, incorpora pata de cabra lateral y caballete central, con sistema de seguridad en la primera para no iniciar la marcha con ella puesta.

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