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Betsabé | 23/06/2010 | Visto: 1340

Consideraciones a tener en cuenta cuando sufrimos un accidente. Segunda parte.

En el tema de las peritaciones y valoraciones, es importante definir dos situaciones que, aunque parezcan similares, no lo son tanto:

a) Situación “A”: somos los afectados del siniestro, es decir, no tenemos la culpa. Estamos hablando de que, en este caso, subyace una responsabilidad civil, con lo que tendremos unos derechos legales respecto de las reclamaciones que podamos hacer a quien nos haya ocasionado los daños, independientemente del tipo de póliza que tengamos contratada y las coberturas que, en ella, se reflejen.

b) Situación “B”: somos los culpables del siniestro y estamos pidiendo la aplicación de un todo riesgo, es decir, un arreglo a costa de nuestra propia póliza. En este caso, la compañía será, si cabe, más restrictiva que en el caso anterior, ya que NUESTRA compañía es la que va a pagar SIEMPRE el siniestro pero, en este caso, no podrá repercutir los 900 € del famoso módulo en la otra compañía. Además, aquí no hay responsabilidad civil, simplemente hay un contrato privado (la póliza) y no hay más derechos que los que en él aparecen.

A partir de aquí, las cosas se desarrollarán de la siguiente forma:

 
1º- PERITACIÓN:
 

Es muy probable que, en cuanto facilitemos la copia del parte a nuestra compañía de seguros, nos ofrezca la posibilidad de peritarlo. La peritación es una revisión del vehículo que realiza un perito, que suele ser una persona cualificada (ingenieros, mecánicos, etc.) perteneciente a NUESTRA compañía, que verificará que los daños proceden y corresponden al siniestro del cual estamos dando parte y cuál es el valor aproximado que tiene la reparación de los mismos.

Lo rápida que sea la peritación y lo favorable o desfavorable que sea para nosotros, dependerá de la póliza y de la compañía. No será lo mismo que la compañía posea puntos propios de peritación, donde podamos llevar el automóvil a peritar, inmediatamente después de dar el parte, que tengamos que llevar el coche a un taller y esperar a que el perito de la compañía pase por allí en una de sus rutas, rutas que pueden ser diarias, semanales… e incluso mensuales.

 
2º- CUIDADO CON LAS COBERTURAS:
 

De acuerdo con este tema y los dos casos planteados anteriormente (“A” y “B”), aquí es donde empiezan las diferencias sustanciales en cuanto al tratamiento del siniestro.

En principio, el caso “A” siempre será más favorable para nosotros que el “B”. Vamos a imaginar que, además de lo que trae un coche de serie, yo le he montado un paquete especial de taloneras, pasos de rueda y embellecedores, valorado en 2.000 €. En cualquier caso, para la opción “A”, tendrán que reponerme estos o indemnizarme por los mismos, haya contratado la póliza que haya contratado, mientras que, para la opción “B”, tendré que haber hecho constar, al contratar la póliza, que el coche, además de tener el equipamiento de serie, tenía unas opciones extras que aumentaban el valor del mismo en 2.000 € y especificar cuáles son esas opciones. Si no lo he hecho así, la compañía me repondrá el coche tal y como sale de casa el modelo básico, pero no me repondrán ni me indemnizarán por esas opciones que, a mayores, yo le he puesto.

 
3º- ELECCIÓN DEL TALLER:
 

De cualquier forma, en el caso “A”, NOSOTROS seremos siempre los que podremos elegir el taller al que llevemos el coche, independientemente de la póliza que tengamos.En el caso “B”, dependerá de la compañía y de la póliza que tengamos contratada, el que podamos elegir nosotros el taller o la elección corresponda a la compañía. Antiguamente, algunas compañías solían obligar a sus asegurados a ir a talleres con los que tenían acuerdos o convenios y, por tanto, en los que la reparación les salía más barata pero, en la actualidad, prácticamente todas las compañías conceden a sus asegurados la libre elección de taller en el caso de los “Todo riesgo”, pero esto, a pesar de que pueda parecer que es porque las compañías buscan un atractivo más a la hora de comercializar sus pólizas, tiene una doble lectura y es que, si el cliente es el que elige el talle,; a partir del momento de la elección, concierne nada más que al cliente y al taller lo bien o mal que se realice esa reparación y las futuras quejas o reclamaciones sobre el resultado de la misma, con lo que esta libre elección se convierte en una exoneración para la compañía respecto de futuras reclamaciones del cliente. Sí que es cierto que hay compañías que aconsejan o sugieren ir a uno u otro taller, con la promesa (contractual) de que, al año siguiente, la subida de la prima corresponderá al 50% de la que realmente corresponda, ofreciéndonos otros servicios como coches de sustitución si reparamos nuestro vehículo en esos talleres recomendados, ofreciéndonos descuentos sobre futuras reparaciones o mantenimientos, etc.

 
4º- PERITACIÓN “ABIERTA” Y “CERRADA”:
 

Una vez que hayamos llevado el coche a peritar, el perito emitirá un informe (que será bastante difícil que nos faciliten) para el taller que hayamos escogido, donde le comunicará cuáles son los trabajos a realizar y el tiempo que considera necesario para llevarlos a cabo.

Aquí es donde tiene razón de ser la cuestión planteada antes, al respecto de haber llevado el vehículo a un centro de peritación propio de la compañía o a un taller de nuestra elección. Solo deberíamos llevar el coche a peritar a uno de los centros de peritación de las compañías si el golpe es muy pequeño, ya que es prácticamente imposible, si el golpe es de cierta magnitud, que alguien conozca la totalidad de los daños causados en el vehículo, sin hacer un desmontaje de la parte afectada, y ese desmontaje, sólo va a ser realizado en el taller que vaya a llevar a cabo la reparación del mismo, con lo que lo mejor, ante un golpe de cierta entidad, sería llevar directamente el vehículo al taller donde se va a reparar, y que el perito fuese allí a peritarlo.

En todo caso, esta primera peritación, si como dijimos antes, los daños son importantes, no será la definitiva, ya que, en ella, solo se verificarán los daños visibles antes de desmontar el coche y que los mismos correspondan al siniestro declarado. Aquí, es donde el perito emitirá una “PERITACIÓN ABIERTA” que no es, ni más ni menos, que un informe en el que quedan pendientes de valorar los posibles daños que no se ven a simple vista. Dos ejemplos de esto serían, por una parte, el típico golpe donde un coche tira a una motocicleta y donde los posibles daños ocasionados en la horquilla de la motocicleta no sean apreciables a simple vista y solo se puedan valorar una vez desmontada la pieza o, por otra lado, el típico golpe por alcance entre dos automóviles, en el que se ve el paragolpes hundido o rayado pero no se puede apreciar hasta que se desmonte el mismo, si por dentro está fracturado o si se han roto algunos de los soportes del mismo, caso en el que habría que cambiarlo y no se podría reparar.

Una vez que el desmontaje se haya realizado, el taller avisará de nuevo al perito y le dirá cuales son los daños ocultos, aceptándolo éste de palabra o personándose, de nuevo, en el taller para verificar dichos daños. Es entonces cuando, una vez contrastados todos los daños existentes, el perito emitirá el informe con la “PERITACIÓN CERRADA”.

 
5º- PERITACIONES “CON COMPROMISO” Y “SIN COMPROMISO”:
 

Cuando el perito realiza el informe, no significa que todo esté solucionado, ya que esa peritación puede indicar al taller que la compañía se va a hacer cargo del pago (PERITACIÓN CON COMPROMISO DE PAGO) o que, de momento, y hasta una autorización posterior, no lo va a hacer (PERITACIONES SIN COMPROMISO DE PAGO).

En el caso de que nosotros seamos los perjudicados (A), la peritación siempre será, en un principio y hasta que nuestra compañía obtenga de la compañía contraria la aceptación en la culpabilidad del siniestro, “SIN COMPROMISO DE PAGO”. Una vez que esto suceda y nuestra compañía se lo comunique al perito, éste emitirá el COMPROMISO DE PAGO al taller y los mecánicos podrán comenzar a reparar nuestro vehículo.

Será, en esta fase, donde más vamos a notar la agilidad en la tramitación del siniestro y cómo funcionan los plazos para los convenios entre las compañías. Lógicamente, el taller no va a querer ponerse a arreglar nuestro coche hasta que tenga la confirmación de que alguien le va a pagar ese trabajo y esto dependerá del tramitador de la compañía contraria y de lo ágil o perezoso que quiera hacer el cumplimiento de los plazos así como de la brasa que le pueda meter el tramitador de la nuestra. Aun así, recordad que dichos convenios, marcaban penalizaciones económicas para las compañías que se dedicaban a dilatar injustificadamente los plazos o a las que los agotaban por sistema. A veces, no queda otra que, si vemos que las cosas se alargan, acercarnos a nuestra compañía o llamar por teléfono para que se pongan en contacto con el tramitador y éste, presionado, le meta “brasa” al tramitador de la contraria para que acorte los plazos de respuesta.

Hay que hacer una mención especial al respecto de este caso (el “A”, en el que nosotros somos perjudicados), y las ocasiones en las que además, da la coincidencia de que tenemos contratada una póliza de seguro a “TODO RIESGO”. En estas ocasiones, podremos optar porque el siniestro, en principio, se trate y se gestione como un siniestro culpable, es decir, que nuestra compañía nos impute el siniestro y asuma el pago de la reparación con cargo a nuestra póliza, hasta que obtenga la aceptación del mismo por parte de la compañía contraria y nos retire esa imputación. Esto hará que el perito emita la peritación inmediatamente “CON COMPROMISO DE PAGO” y el taller se ponga a trabajar, también inmediatamente, en la reparación de nuestro vehículo.

Pero ¡OJO! porque se puede dar el caso de que el vehículo se haya terminado de reparar y la tramitación del siniestro no haya finalizado todavía (todavía no haya aceptación por parte de la compañía contraria). En estos casos, si es un “TODO RIESGO” puro, no habrá problemas, simplemente hemos de preocuparnos de, pasado un tiempo, ponernos en contacto con nuestra compañía para verificar que el siniestro ha sido aceptado por la compañía contraria y de que nos han retirado la imputación del mismo (si no nos aseguramos de esto, es posible que a la compañía “se le pase” y la prima del seguro del año siguiente se vea incrementada por un “siniestro fantasma” que figure en nuestra póliza); PERO si es un “TODO RIESGO CON FRANQUICIA”, nuestra compañía y, por tanto, el taller (al que la compañía le va a deducir del pago de la factura esa franquicia), nos exigirán que paguemos esa franquicia (la que tengamos contratada para los “daños propios” en la póliza) antes de poder retirar el coche del taller. Aun así, una vez que la tramitación del siniestro se resuelva y la compañía contraria acepte la culpa, podremos exigir a nuestra compañía que nos reintegre dicha franquicia.

 
6º- VALOR DEL SINIESTRO:
 

Aquí empiezan los problemas, ya que el valor de la reparación no va a ser el mismo si llevamos el coche a un taller o a otro. No siempre son las compañías las que restringen el pago de forma cicatera, sino que, a veces, los talleres “se pasan de listos” y pretenden obtener ingresos extra, a costa de poner a su cliente en contra de la compañía de seguros.

Un “SINIESTRO TOTAL” es una definición con la que las compañías de seguros denominan a un siniestro, cuya reparación fuese más costosa que el valor económico del vehículo, justo antes del mismo.

Un vehículo, realmente, tiene un valor económico que, aunque nosotros no lo queramos ver y nos neguemos a aceptar, suele ser bastante inferior al que nosotros le damos o suponemos que tiene. En principio, el valor de un vehículo, es el valor de venta que el mismo tiene en el mercado, aunque cuando digo “en el mercado”, me refiero al mercado de segunda mano, ya que el vehículo no es nuevo.

Simplemente por el hecho de estar matriculado, el vehículo perdería una parte importante de su valor monetario. Esta pérdida es debida al Impuesto de Matriculación, que dependerá de las emisiones de CO2 generadas por el vehículo y que hacen que este impuesto varíe entre 0 (prácticamente vehículos híbridos) y un 14,75% del valor del mismo (si hablamos de motocicletas, además, independientemente de las emisiones de CO2 que generen, estarán gravadas con el tramo más alto del impuesto, 14,75%, todas las que superen una relación peso/potencia de 0,9 CV/Kg); y si la venta del vehículo fuese entre particulares, a la diferencia entre el Impuesto sobre Transmisiones y Actos Jurídicos Documentados (es el impuesto que se paga para ventas entre particulares), y el Impuesto sobre el Valor Añadido (que es el impuesto que tenemos que pagar si compramos a una empresa) que pagó el dueño al concesionario, cuando lo compró (la diferencia está en el 12%).

El VALOR VENAL o VALOR GANVAM: este sería el valor por el cual la mayoría de compañías de seguros indemnizarían por un siniestro total del vehículo. Este valor viene reflejado en un libro azul (que se puede conseguir en librerías especializadas) editado anualmente por GANVAM (Asociación nacional de vendedores de vehículos a motor, anteriormente denominado Grupo Autónomo Nacional de Vendedores de Automóviles, camiones y Motocicletas) y que se basa en el precio medio, a nivel nacional, al que ellos (compra-ventas) compran un vehículo específico, estando clasificada la información por distintos parámetros como marca, modelo, serie, año de fabricación, año de matriculación, etc. Existen también otras publicaciones similares (como EUROTAX), pero el GANVAM es el más utilizado en peritaciones.

NEGOCIACIÓN CON LOS TRAMITADORES: Las compañías de seguros, dependiendo de con la que demos, y el caso en el que nos encontremos (siempre partiendo de la base de que será nuestra propia compañía la que perite y valore el siniestro), serán más o menos generosas a la hora de ofertarnos una cifra, pero la norma general es que, si estamos en el caso “A” de los antes mencionados (saben que, si vamos a juicio, tendremos derecho a la reposición del bien, ya que hemos sido los perjudicados en un siniestro, a menos que la diferencia entre la reparación y el valor del mismo sea exagerada), serán más generosas que en el “B” (donde se regirán exclusivamente por lo que marque el condicionado de su póliza).

Habría que valorar, en el caso “A”, y si estamos en desacuerdo con el valor ofertado por el tramitador, la posibilidad de solicitar reclamar judicialmente a la compañía contraria que, en definitiva, es la culpable-responsable según derecho, del siniestro (si tenemos la garantía de “reclamación de daños” contratada en la póliza). Además, la mayoría de tramitadores hace una primera oferta a la baja, pudiendo hacer, ante el desacuerdo del cliente, hasta dos o tres más.

Tanto para el caso “A” como para el caso “B”, es posible que el tramitador nos haya hecho su última oferta y sigamos sin estar de acuerdo con ella. Una forma para saber si nos merecerá la pena ir a juicio contra la compañía contraria (caso “A”) o contra la nuestra (caso “B”), es utilizar los buscadores de coches usados existentes en Internet y comprobar si la indemnización que nos ofrece el tramitador es de una cuantía parecida a las ofertas existentes para los vehículos con características similares al nuestro (misma marca, modelo, año, similares kilómetros, similar equipamiento…). Después de esto, se podría hacer un último intento con el tramitador, haciéndole llegar presupuestos o facturas pro-forma de los mismos y tratando que reconsiderase su posición. Si aun así, no hay negociación posible, si la diferencia supera el 20%, podría merecer la pena ir a juicio.

Recordar además que, en un siniestro total, existen unos restos que también tendrán un valor. Estos restos y su valor, normalmente, las compañías los dejan en posesión de los asegurados, deduciendo el valor de los mismos del total de la indemnización que se va a pagar pero esto es negociable. Tendremos que considerar si nos merece la pena quedarnos con esos restos y luego venderlos nosotros y responsabilizarnos de la tramitación de la baja del vehículo, o bien que nos los valore la compañía y también nos los indemnice.

Aun así, existen compañías en las que, durante los primeros años desde la compra del vehículo y ante un siniestro total, se reintegraría el valor a nuevo (valor en el concesionario) del mismo; o bien, a partir del tercer año, un 80% del mismo; o incluso después, un valor denominado como “GANVAM MEJORADO”, que sería el precio de compra (el que a nosotros nos cobrarían por ir a comprarlo allí) que tendría un vehículo de similares características al nuestro, en un compra-venta (en lugar del importe de la venta a ese mismo compra-venta, que es lo que nos ofrecerían en un GANVAM PURO y, lógicamente, existe una diferencia importante entre ambos). Lo lógico, si vamos a contratar un seguro a “Todo riesgo”, sería hacerlo en una compañía que nos diese la mejor opción a este respecto.

 
7º- FINIQUITO:
 

Una vez resuelto el siniestro, la compañía emitirá un “Finiquito”, que es un documento que nos pedirán que firmemos y en el que se nos expone la cuantía por la que hemos sido indemnizados o la cuantía del coste de la reparación, además de recabar nuestra conformidad a la realización de la misma y una renuncia a ejercer cualquier otra reclamación al respecto del siniestro.

 
8º-CASOS ESPECIALES:
 

Quizá, el caso especial que más se repita es el de alguien, que siendo perjudicado en un siniestro, desea que se le indemnice, pero no que se le repare. Suele darse en siniestros de poca entidad y es el típico caso en el que me abollan la aleta o me rayan un guardabarros o una aleta, pero prefiero que me valoren el daño y me lo paguen a que me pinten, únicamente, ese guardabarros o aleta. Esa indemnización, normalmente, no será por el importe exacto que tendría la reparación, sino que la compañía nos deducirá el IVA (ya que el trabajo no ha sido realizado) y, probablemente, la parte correspondiente a mano de obra.

Otro caso, también frecuente, sería el de que deseemos que se lleve a cabo la reparación, pero no queramos realizarla en este momento (por ejemplo, porque no podamos prescindir del vehículo o porque prefiramos hacerla, conjuntamente, con otras reparaciones o arreglos que tengamos pendientes). Aquí, normalmente no suele haber problema, ya que las peritaciones con compromiso de pago, suelen tener una caducidad de un año.